Los venezolanos se acuestan con hambre
La escasez de alimentos hace estragos en la salud de los ciudadanos, según revela una encuesta hecha por investigadores del país
Caracas 22
FEB 2018 - 21:21
La
crisis alimentaria hace estragos en la salud de los venezolanos,
según revela una encuesta hecha por investigadores del país
sudamericano. La mayoría ha reducido su talla y se acuesta con
hambre. Un 64,3% reconoce haber perdido once kilos de peso en 2017.
Las bolsas de comida que el Gobierno vende a precios regulados sólo
llegan a 12,6 millones de personas, poco más
de un tercio de la población.
Yuca
y arroz. En eso se basa la dieta de la mayoría de los venezolanos.
La harina de maíz precocida, ingrediente base de la arepa, emblema
culinario del país, ha sido desplazada por primera vez entre los
principales alimentos que los ciudadanos del país sudamericano
buscan para alimentarse. La crisis alimentaria que atraviesa
Venezuela tiene
una dramática expresión en la talla de los ciudadanos y en lo que
comen, según los resultados correspondientes a 2017 de la Encuesta
de Condiciones de Vida del Venezolano, realizada desde 2014 por
investigadores de tres de las instituciones académicas más
importantes del país, las universidades Central de Venezuela,
Católica Andrés Bello y Simón Bolívar.
“La
gente está desarrollando estrategias para sobrevivir, no para
alimentarse. Ya no es posible ni siquiera sustituir alimentos. La
caída en el consumo de harina de maíz, un alimento que por las
leyes venezolanas está enriquecido con hierro y vitaminas, es
dramática, al igual que la de hortalizas y frutas, que aportan los
micronutrientes”, señala la doctora Marianella Herrera, miembro
del equipo de investigadores.
Migración y desempleo
La
encuesta ha medido por primera vez el fenómeno de la migración,
un fenómeno nuevo para un país receptor de extranjeros. El
estudio evalúa la diáspora de los últimos cinco años. En el
9,7% de los hogares hay por lo menos una persona emigrante o que
envía remesas.
“En
promedio se reportaron 1,3 emigrantes por hogar, de modo que se
estima que entre 2012 y 2017 han debido emigrar al exterior algo
más de 815.000 personas”, refiere el informe, que destaca que el
12% de esos hogares está en los estratos más pobres y que casi el
80% del total dejó el país entre 2016 y 2017, lo que revela que
la migración es un fenómeno motivado por la agudización de la
crisis. Colombia, Panamá, Chile, Argentina, Ecuador y Perú son
los nuevos destinos.
Por
primera vez en cuatro años la medición del desempleo ha
registrado un aumento. En 2017 estaba en paro el 9% de la
población, casi dos puntos más que en 2016, lo que implica que al
menos 200.000 personas perdieron su empleo en un año. El 60% de la
población tiene empleos informales.
El
informe también recoge que un millón de niños entre 3 y 17 años
está fuera del sistema escolar. Pero la crisis de servicios y el
hambre también saca de la escuela a los más que sí van: 3 de
cada 4 se ausenta con frecuencia por fallos del transporte y la
pobre alimentación.
En
salud el país está expuesto a un shock prolongado, describe el
investigador Marino González: “Tenemos el peor desempeño en
mortalidad materna de la región, que ha aumentado el 30% desde
1998 —solo superado por Cuba—, y la peor desprotección de
América, pues el 68% de la población no tiene pólizas de
atención de salud ni públicas ni privadas”.
En
la encuesta de 2017 se ha incluido por segunda vez la pregunta
acerca de la pérdida de peso que reportan los ciudadanos. En 2016,
la mayoría dijo haber perdido 8 kilogramos, tres menos que el año
anterior, lo que indica que la malnutrición de los venezolanos se
ha acentuado y los ha llevado a adelgazar aún más, siguiendo una
dieta que Herrera llama anémica, por la carencia del hierro que
aportan las carnes, las verduras de hojas verdes y la harina de
maíz nacional, cada
vez más escasa y que el Gobierno ha sustituido por versiones
importadas no fortificadas –como la harina de maíz mexicana, que
sirve para hacer tortillas pero no arepas— que se distribuyen a
través de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y
Producción), controlados por seguidores del Gobierno.
En
contraste, un 7,2% de los encuestados reportó haber ganado unos
7,6 kilogramos de peso; un dato, ataja Herrera, que tampoco revela
bienestar. “Una dieta basada en tubérculos y harinas únicamente
puede hacer engordar a algunos, pero no los saca de la epidemia de
malnutrición que vivimos, ahí también hay un hambre oculta”.
Los
resultados presentados por los académicos cuantifican el drama
del hambre en Venezuela y del acelerado crecimiento de la
pobreza, que en la encuesta alcanza a un 87% de la población. La
investigación expone la radiografía de un país sin cifras, una
realidad difícil de ocultar en las calles y en los estómagos de
los ciudadanos, pero que el régimen de Nicolás Maduro se ha
empeñado en tapar, al no divulgar información estadística desde
hace cinco años (y en el caso de algunos indicadores, desde hace
un tiempo más). Los datos fueron recogidos entre julio y
septiembre del año pasado, por lo que los investigadores hacen la
salvedad de que no recogen todo el deterioro que supone el proceso
de hiperinflación que vive el país desde noviembre pasado.
El
estudio, basado en una muestra nacional de 6.168 hogares, también
reveló que 8.130.000 venezolanos comen dos o menos veces al día.
El desayuno es la comida que más se sacrifica en hogares donde el
61,2% de los encuestados asegura que se acuesta a dormir con
hambre. “Tenemos reportes dramáticos de madres que tienen que
decidir a qué hijo alimentan con proteínas un día y a cuál no.
Esto es dramático”. De acuerdo con Herrera, y haciendo un cruce
de variables con distintos indicadores, se puede decir que en
Venezuela el 80% de las familias padece de inseguridad alimentaria.
1.Herramienta de control
La
cobertura de las misiones, los programas sociales que se
convirtieron en bandera de propaganda
del chavismo y también en una herramienta clientelar de
control político, ha caído dramáticamente, según la encuesta.
En 2017, menos de 200.000 personas dijeron haberse beneficiado de
la misión Barrio Adentro, creada en 2003 por Hugo Chávez con la
cooperación del Gobierno de Cuba, que aportó decenas de miles de
médicos de la isla para prestar atención en los barrios y
caseríos más pobres del país.
Ahora
toda la política social está centrada en los CLAP y en los bonos
en dinero que se entregan a través del llamado carné de la
patria. De los 13,4 millones de personas que se benefician de
alguno de los programas sociales del Gobierno, 12,6 millones
reciben alimentos. Este dato también se corresponde con la
cobertura del carné de la patria: en tres de cada cuatro hogares
venezolanos, alguno de sus miembros disponen de una de estas
tarjetas que el chavismo comenzó a implementar el año pasado para
dar beneficios y que ha usado en las recientes elecciones de
gobernadores y alcaldes como herramienta para coaccionar el voto.
“Observamos
que el venezolano ve que el carné de la patria es un registro que
le permitirá recibir lo que el Gobierno vaya a repartir, que no
está relacionado necesariamente con una adhesión política del
ciudadano, pues de ser así el Gobierno tendría por lo menos un
75% de aprobación, pero sin duda es una herramienta de control,
que por la masividad pudiera convertirse en una cédula con la que
el Gobierno pretenda regular el acceso a los servicios de la
ciudadanía”, advierte la socióloga María Gabriela Ponce.
La
distribución de alimentos a través de los CLAP, lejos de paliar
la crisis alimentaria del país, exacerba las desigualdades,
apuntan los investigadores. La frecuencia de recepción de las
bolsas o cajas con comida es discrecional e intermitente. Un poco
más de la mitad de los hogares beneficiarios no la recibe
periódicamente y la cifra sube al 69% en las ciudades pequeñas y
caseríos, donde la pobreza es mayor. En contraste, en Caracas, el
64% de los beneficiarios asegura que la recibe mensualmente y el
24%, cada dos meses
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