Daniel
García Marco (@danigmarco) Corresponsal de BBC Mundo en Venezuela
Los Roques se caracterizan
por la arena blanca y las aguas turquesas.
Todo
empezó con una sugerencia durante una cena. Siguió con una búsqueda
en Google y con la acelerada firma del testamento. Y terminó con un
mojito acariciado por una templada brisa marina.
Rosemary
y William Dunkley están lejos de su casa en el sur de Inglaterra.
Son jubilados y pese a su avanzada edad decidieron emprender una
aventura: hacer turismo en Venezuela.
Se
están bebiendo el que quizás sea el mojito más barato de sus
dilatadas vidas en la terraza de un apacible bar-restaurante en el
archipiélago de Los
Roques,
en el Caribe, al norte de la costa de Venezuela.
Es
uno de esos lugares idílicos de arena blanca y aguas ultraturquesas
que uno casi
no se explica que esté tan vacío.
Los
Dunkley son los únicos clientes de la terraza en una noche de final
de febrero.
"¿Los
Roques? No
lo habíamos escuchado nunca",
me dice Rosemary con su académico acento británico a diez metros de
la orilla de un mar tranquilo que apenas mece las barcas blancas.
Image
caption En Gran Roque la mayor parte de las calles no están
pavimentadas y se respira una aire de gran tranquilidad.
Los
Dunkley son un acomodado matrimonio jubilado que tras una vida de
trabajo disfruta de la tercera edad para viajar y conocer mundo.
Buscaban
un nuevo destino cuando hace varios meses una amiga en una cena les
lanzó una sugerencia: "¿Por qué no van a Los Roques, en
Venezuela? Es hermoso".
Hicieron
una rápida consulta en Google. Y enseguida se convencieron.
"Queríamos algo que no fuera muy turístico", me dice William, que como aficionado a la pesca encontró un destino ideal.
"Es
increíble, una burbuja sin explotar. Estamos sorprendidos de que
haya tan poca gente", agrega, encantado de haber tomado la
decisión de venir.
El testamento
A
sus hijos, sin embargo, no les sonó bien eso de que sus ancianos
padres se marcharan a Venezuela, un país que aparece en los medios
siempre por noticias preocupantes. El Ministerio de Exteriores del
Reino Unido recomienda viajar al país sólo si es necesario.
"Estaban
un poco preocupados, así que decidimos
dejar hecho nuestro testamento",
afirma Rosemary con una sonrisa.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption El gobierno está
ampliando la pequeña pista de aterrizaje a la que llegan aviones de
apenas 15 plazas.
"Sé
que suena ridículo, pero es cierto", asegura William, riéndose
un poco de sí mismo y de esos hijos que a cierta edad se convierten
en padres controladores de sus propios progenitores.
El
matrimonio voló vía París a la temida Caracas,
una
de las ciudades más violentas del mundo.
"No
nos sentimos en peligro para nada", afirman tras pasar apenas
una noche de hotel cerca del aeropuerto antes de volar al día
siguiente durante media hora hasta Gran Roque, el único de los 42
cayos del archipiélago que está habitado.
"El secreto mejor guardado"
Tampoco
hay peligro en Los Roques, que escapa de casi todos los problemas que
afectan a la Venezuela continental, sobre todo de la inseguridad.
"Es
el
secreto mejor guardado",
me dice Rosemary, que no comprende cómo semejante destino está tan
poco explotado.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption Vista aérea de Los
Roques desde el avión. Derechos de autor de la imagen AFP Image
caption Los Roques son un destino que apenas está explotado, algo
que beneficia a su conservación.
Ese
es precisamente uno de los encantos de Los Roques, que tiene un
turismo muy controlado que paga su estancia en dólares o en
bolívares, pero a
la tasa de cambio en el mercado negro.
Tres
días en una posada en pensión completa, con vuelo de ida y vuelta a
Caracas, y con los trayectos en barco a los diferentes cayos, está
por
debajo de los US$300. Son
precios imposibles para un venezolano que gane en bolívares, pero
muy asequibles para alguien con dólares, euros o libras. Por
eso los Dunkley se asombran de que cada mojito que toman como si
fuera agua les cueste apenas US$2.
Raquel
y Luis, españoles jubilados de 73 y 83 años, respectivamente,
también destacan
lo barato del precio en comparación con Europa y otros destinos.
Me instan con una sonrisa a que no escriba este artículo sobre Los
Roques para que nadie descubra el lugar.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption La crisis ha afectado a
la llegada de visitantes extranjeros. "Hemos
estado en las Seychelles, en Malta, en las Galápagos. Conocemos todo
el Caribe y el Pacífico Sur. Hasta ahora las Islas Cook eran lo
mejor que habíamos visto. Pero ahora se han quedado atrás.
No hay comparación",
me dice Raquel, entusiasmada.
El matrimonio descubrió Los Roques gracias a su hijo, que tiene una agencia de viajes y visitó el archipiélago para hacer kitesurf, motivo que atrae a los más jóvenes. El único problema del que se queja Raquel es la falta de agua caliente en su posada. Pero en la isla hay otros.
La otra cara de Los Roques
A
apenas dos arenosas calles de esas posadas boutique asoma la otra
Venezuela, esa
que no verán los jubilados europeos
ni los jóvenes que se toman un trago mientras disfrutan de música
chillout y del atardecer.
Son las 8:00 de la mañana y la calma del Gran Roque sólo la rompen los ruidosos niños que acaban de entrar en la escuela y cantan el himno nacional para comenzar la jornada.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption Miguel Salazar repara
su atarraya con paciencia a la espera de poder volver a salir a
faenar.
Miguel Salazar repara su atarraya, la red con la que se gana la vida pescando. Lleva 20 días sin salir a faenar.
A
los pescadores les
está afectando el cierre de la frontera
decretado por el presidente Nicolás Maduro en enero que impide el
comercio con las islas de Aruba, Bonaire y Curazao, próximas al
archipiélago.
Vender
la mercancía a los comerciantes venezolanos de la costa supone
hacerlo a un precio diez veces menor.
A
eso se suman los problemas
de abastecimiento.
Un barco del gobierno carga los suministros desde la costa una vez a
la semana. Algún supermercado incluso compra en Caracas y lo
transporta por su propia cuenta. No
hay tanta escasez como en otras partes del país, pero el flete eleva
los costos. Entro
a un supermercado y encuentro pan de molde y leche de larga duración
que hace semanas que no veo en Caracas. El cartón de 30 huevos es
más
caro que en
la capital.
"Está todo muy costoso. A veces no se puede pagar", me dice Salazar mientras Loli Marcano, quien se autodefine como su "concubina", lava y tiende la ropa a un sol que ya desde temprano quema.
la capital.
"Está todo muy costoso. A veces no se puede pagar", me dice Salazar mientras Loli Marcano, quien se autodefine como su "concubina", lava y tiende la ropa a un sol que ya desde temprano quema.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption Los problemas de agua
obligan a los vecinos a almacenarla en tanques.
"La
gente empieza a hacer cola en cuanto ve que atraca el barco", me
dice Marcano, desencantada. Como
Salazar es roqueño y lleva aquí toda la vida le pido que compare.
"Hace
diez años había de todo y era más económico.
El sueldo alcanzaba. Y había más turistas", dice con nostalgia
y sin despegar los ojos de la red.
Asegura
que es diabético e hipertenso y que tiene que pedir que le traigan
de Bonaire y Curazao las medicinas que ya no encuentra aquí. El
elevado precio de los anzuelos y del aceite para el motor del barco
es otro problema para los que viven de la pesca artesanal, principal
actividad junto al turismo.
"Aquí somos reyes"
Pese
a todo, Rafael Mendoza, otro pescador, compara favorablemente la
situación de Los Roques con la de Isla
Margarita,
otro hermoso paraje venezolano que él tuvo que dejar atrás porque
se está viendo duramente afectando por la crisis de precios y
empleo.
"Aquí uno sí se puede ganar la vida", me dice mientras clava con paciencia en el palangre cientos de anzuelos.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption
La pesca es junto al turismo la principal actividad de Los Roques.
La pesca es junto al turismo la principal actividad de Los Roques.
José
Luis Durán lleva 18 años en Los Roques y también se muestra
satisfecho. Trabaja en el Instituto
Nacional de Parques,
donde cobra un salario mínimo que le alcanza para poco y que
complementa haciendo y vendiendo en dólares pulseras y anillos de
plata para los turistas.
"Aquí
somos reyes. Esto es el paraíso", me dice una mañana sin
camiseta y sin ninguna urgencia por empezar su jornada laboral.
Durán
destaca que en Los Roques no
hay delincuencia.
Sorprende
ver a niños jugando en la calle y a los turistas paseando de la mano
ya en plena noche cerrada. Es algo impensable en Caracas y otras
ciudades del país.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption La barrera de coral
protege a Los Roques, cuyas aguas son tranquilas.
Tampoco
se ve hambre ni desnutrición, pese a que algunos se quejan de que la
caja con alimentos subsidiados que vende el gobierno no llega con la
regularidad prometida.
"Cualquier
persona te da un pescado",
dice Durán, sin familia en Los Roques, despreocupado. "Comida
siempre vas a encontrar con abundancia", me dice señalando la
cercana orilla del mar.
Números del turismo en Venezuela
601.000
visitantes
en 2016, sólo por delante de Surinam y Guyana en Sudamérica. Marca
un descenso del 23,8% respecto a 2015
-
US$473 millones en ingresos en 2016, de nuevo en la cola de Sudamérica. Colombia, por ejemplo, recaudó US$4.650 millones. Supone una caída del 17,7% en comparación con 2015.
-
104 en el ranking de 136 países del Índice de Competitividad Turística que elabora el Foro Económico Mundial. Sólo por delante de El Salvador y Paraguay en América Latina.
Organización
Mundial de Turismo y Foro Económico Mundial
Vida dolarizada
En
los albergues para turistas, donde la vida está dolarizada, hay casi
normalidad.
"Digamos
que el roqueño no es pobre",
me dice Luz, cocinera de una posada.
"Está
caro, pero se consigue de todo. Si en Caracas la harina PAN (de maíz,
para hacer las tradicionales arepas) cuesta 180.000 (bolívares),
aquí cuesta el doble", añade, casi ajena a los problemas.
Derechos
de autor de la imagen BBC Mundo Image caption Los Roques es uno de
los muchos destinos turísticos de Venezuela, a veces poco conocidos.
El
miedo a la situación de Venezuela y la supresión de vuelos
internacionales en los últimos meses han hecho caer la llegada de
extranjeros, explica. Pero se
compensa con la devenezolanos residentes en el extranjero,
a los que no hace falta descubrir la belleza del archipiélago.
"Viven
fuera del país y al cambio…", me dice Luz sin completar la
frase.
Si
ganan en moneda extranjera, los venezolanos pueden regresar a su país
y disfrutar de unas vacaciones a un muy buen precio.
"Aquí
no hay crisis",
concluye Luz, que parece conocer mil maneras de preparar el pescado.






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